Sahan y Patt

La vida les había dado una lección, nunca debieron separarse. Tuvo el vicio que ver en esta relación cuando llegaba ya al limite y ella fiel a su corazón, dejo de lado su orgullo y busco allá donde fuera para encontrarle.
Caminaban sin poder dejar de mirarse, su cara les delataba.
Poco a poco él se sentía más seguro, con libertad y sin miedos, sabía que iba por el buen camino. Alejo cualquier vicio de esta bonita historia que comenzó de nuevo de la más pura casualidad y coincidencia.
Sahan, su mujer, estaba esplendida y vivir juntos, desayunar en esa mesa con el mantel de flores, con una brisa y ese sol tímido asomando, era el mayor placer que quería repetir durante toda su vida.
Habían redecorado su casa, era todo muy acogedor. Parecía un sueño, tantos meses alejados se habían pasado eternos, eran realmente felices pero solo sufrian por un factor, el trabajo. Por lo que Patt, su marido, el protagonista, se fue a la  calle, en busca de un trabajo, como cualquier persona actualmente.
Trajeado con ganas y con desilusiones a la vuelta. Aunque después de muchos meses logró unirse a una pequeña empresa. Necesitaban a alguien como él, él era diferente al resto, eso le dijeron en la entrevista. Así que lo más rápido que pudo volvió a casa para contárselo todo a Sahan.
Ella era fotógrafa por lo que se pasaba la vida entre paisajes, personas, vidas, historias, relatos, retoques, bellezas, imperfecciones y siempre sorprendía a sus clientes porque era capaz de captar su alma. Trabajaba sin horarios y le hacía muy feliz, tampoco ganaba mucho pero le llegaba para lo que necesitaba.



En cuanto Patt vio que tenían una buena estabilidad decidió proponerle algo a su chica, quizás era muy pronto pero la vida le sonreía, sentía que había vuelto a nacer y quería compartir ese sentimiento ahora más que nunca.

...


continuará



A.

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