La vida les dio una lección
Una vida llena de proyectos, aficiones, cualidades y riqueza.
Comenzaba siendo una locura pero las gracias y la libertad le llevaron a la locura.
Dejó de lado las responsabilidades, se pasaba la vida en la calle, lleno de humo y alcohol. Parecía más feliz que nunca pero por dentro se iba perdiendo.
Amaneció en un banco sin nadie, todo estaba oscuro, se sentía el rey de la vida. No tenia horarios no tenía prisa, todo iba y surgía según le parecía.
Paseaba por el centro de la capital con la mente en blanco mirando el suelo mojado por la lluvia. Parecía ayer cuando sus padres se reinan con sus ocurrencias. Ya nada será como antes, pensó.
La noche le acompañaba, ya solo la noche. Llegaba como agua de Mayo acercándose a la gente, cerca de sus vicios, de su ambiente. Todo empezaba a olvidarse cuando se acercaba a ese lugar, esa sensación no podía sentirse más feliz.
Apareció entre rejas y sin saber como, no recordaba nada más a partir de ese momento que llego a su lugar favorito, ese bar lleno de bellezas, música y consumo.
No sabía como iba a salir de ahí, apenas podía levantarse. Vio en su piel heridas, moratones y arañazos a consecuencia que supuso serían de esa gran noche. Comenzó la desconfianza y el miedo, no se reconocía, no sabía que pintaba él en aquel lugar. él era el rey de la vida, la vida no le podía dejar ahí.
De repente algo le hizo mirar hacia arriba, era una luz muy intensa, el policía le señalaba con una linterna indicándole la presencia de alguien al fondo, era una visita. Pero no llevaba a verla bien, estaba muy lejos y una sombra la camuflaba.
Con fuerza le movieron a una sala más intima aunque igual de fría y tenue. Ella ya tenía cara y era realmente bella. ¿Qué hacia una mujer así visitándome a mi? No la conocía de nada, era todo bastante extraño. Mientras pensaba en aquella noche oyó esa voz que le cautivo y que le hizo recordar algo.
Inmediatamente se sobresaltó.
Me dijiste que te daba asco y luego te vi por ultima vez diciéndome que te mirara. Ella no dejaba de observarle con cara de pena, de preocupación. Le cogió la mano y notó lo nervioso que se encontraba, estaba sudando.
-Se que te acuerdas de mí, en el trabajo ya vi en ti que eras diferente y no te podía dejar de observar, me causabas mucha curiosidad, pero hace más de un año que no apareces y tuve que recurrir a él. El jefe me dijo donde te encontraría, no se como pero lo sabía.
Cada vez sus ojos se hacían más grandes y ya no podía reprimir más sus sentimientos. Comenzó a llorar y con la mano aun cogida de aquella joven mujer le preguntó:
-¿No te dijo nada más? No recuerdo nada desde anoche y no se que hago aquí, quiero salir de aquí.
-Esta bien - le respondió ella
A los diez minutos salieron por la puerta, le tendió una manta que tenía en el coche y le acerco a su apartamento.
- Quédate aquí por unos días te sentará bien, le dijo con una sonrisa en la cara.
- De acuerdo, pero prométeme que me contarás todo lo que ha sucedido.
Al llegar a su casa se sentó tímidamente en el sofá, era bastante cómodo, la verdad que esta chica tenía buen gusto. Al poco ya se encontraba entre sueños, había caído roto, no podía con su cuerpo.
A la mañana siguiente los rayos de sol le despertaron y nada más abrir lo ojos se encontró con esa mirada tan dulce.
- Te lo contaré todo, pero ahora desayuna.
Tenía tanto miedo, nunca te había visto así de mal. ¡Pero en qué estabas pensando! Estabas en ese bar discutiendo, llamando a tu padre a gritos, de repente te desplomaste en el suelo y tenías la mirada perdida no dejaba de hablarte por eso solo recuerdas lo ultimo que te dije, que me miraras, no te podía ir. En cuanto pude llamé a una ambulancia, pero ese no iba a ser el ultimo lugar, te andaban buscando desde hace mucho y al fin allí te encontraron.
Tienes que dejar lo que estés tomando porque te está arruinando la vida. No puedo perderte.
Recuerdo en el trabajo cuando nos buscábamos con la mirada, eras un cielo, me cuidabas, me robabas a escondidas los bolígrafos para que fuera a verte y a escondidas me volvías a besar. Me hiciste la mujer más feliz del mundo hasta que nos abandonaste.
- Mi padre no tiene nada que ver en esto, no quería seguir su vida, me mandaba en casa y encima en el trabajo, ya no podía más tenía que huir de esa tortura. Perdí la cabeza en ese bar y a partir de ahí mi sitio era ese, era mi salida. Pero no tengo excusa. Cuando te vi anoche volví a recordar lo loco que estaba por ti, solo iba a trabajar para ver esa cara.
Sus labios se unieron como la primera vez, ya no podrían volver a separarse. La vida les dio una lección.
...
Andrea Jiménez.
Dejó de lado las responsabilidades, se pasaba la vida en la calle, lleno de humo y alcohol. Parecía más feliz que nunca pero por dentro se iba perdiendo.
Amaneció en un banco sin nadie, todo estaba oscuro, se sentía el rey de la vida. No tenia horarios no tenía prisa, todo iba y surgía según le parecía.
Paseaba por el centro de la capital con la mente en blanco mirando el suelo mojado por la lluvia. Parecía ayer cuando sus padres se reinan con sus ocurrencias. Ya nada será como antes, pensó.
La noche le acompañaba, ya solo la noche. Llegaba como agua de Mayo acercándose a la gente, cerca de sus vicios, de su ambiente. Todo empezaba a olvidarse cuando se acercaba a ese lugar, esa sensación no podía sentirse más feliz.
Apareció entre rejas y sin saber como, no recordaba nada más a partir de ese momento que llego a su lugar favorito, ese bar lleno de bellezas, música y consumo.
No sabía como iba a salir de ahí, apenas podía levantarse. Vio en su piel heridas, moratones y arañazos a consecuencia que supuso serían de esa gran noche. Comenzó la desconfianza y el miedo, no se reconocía, no sabía que pintaba él en aquel lugar. él era el rey de la vida, la vida no le podía dejar ahí.
De repente algo le hizo mirar hacia arriba, era una luz muy intensa, el policía le señalaba con una linterna indicándole la presencia de alguien al fondo, era una visita. Pero no llevaba a verla bien, estaba muy lejos y una sombra la camuflaba.
Con fuerza le movieron a una sala más intima aunque igual de fría y tenue. Ella ya tenía cara y era realmente bella. ¿Qué hacia una mujer así visitándome a mi? No la conocía de nada, era todo bastante extraño. Mientras pensaba en aquella noche oyó esa voz que le cautivo y que le hizo recordar algo.
Inmediatamente se sobresaltó.
Me dijiste que te daba asco y luego te vi por ultima vez diciéndome que te mirara. Ella no dejaba de observarle con cara de pena, de preocupación. Le cogió la mano y notó lo nervioso que se encontraba, estaba sudando.
-Se que te acuerdas de mí, en el trabajo ya vi en ti que eras diferente y no te podía dejar de observar, me causabas mucha curiosidad, pero hace más de un año que no apareces y tuve que recurrir a él. El jefe me dijo donde te encontraría, no se como pero lo sabía.
Cada vez sus ojos se hacían más grandes y ya no podía reprimir más sus sentimientos. Comenzó a llorar y con la mano aun cogida de aquella joven mujer le preguntó:
-¿No te dijo nada más? No recuerdo nada desde anoche y no se que hago aquí, quiero salir de aquí.
-Esta bien - le respondió ella
A los diez minutos salieron por la puerta, le tendió una manta que tenía en el coche y le acerco a su apartamento.
- Quédate aquí por unos días te sentará bien, le dijo con una sonrisa en la cara.
- De acuerdo, pero prométeme que me contarás todo lo que ha sucedido.
Al llegar a su casa se sentó tímidamente en el sofá, era bastante cómodo, la verdad que esta chica tenía buen gusto. Al poco ya se encontraba entre sueños, había caído roto, no podía con su cuerpo.
A la mañana siguiente los rayos de sol le despertaron y nada más abrir lo ojos se encontró con esa mirada tan dulce.
- Te lo contaré todo, pero ahora desayuna.
Tenía tanto miedo, nunca te había visto así de mal. ¡Pero en qué estabas pensando! Estabas en ese bar discutiendo, llamando a tu padre a gritos, de repente te desplomaste en el suelo y tenías la mirada perdida no dejaba de hablarte por eso solo recuerdas lo ultimo que te dije, que me miraras, no te podía ir. En cuanto pude llamé a una ambulancia, pero ese no iba a ser el ultimo lugar, te andaban buscando desde hace mucho y al fin allí te encontraron.
Tienes que dejar lo que estés tomando porque te está arruinando la vida. No puedo perderte.
Recuerdo en el trabajo cuando nos buscábamos con la mirada, eras un cielo, me cuidabas, me robabas a escondidas los bolígrafos para que fuera a verte y a escondidas me volvías a besar. Me hiciste la mujer más feliz del mundo hasta que nos abandonaste.
- Mi padre no tiene nada que ver en esto, no quería seguir su vida, me mandaba en casa y encima en el trabajo, ya no podía más tenía que huir de esa tortura. Perdí la cabeza en ese bar y a partir de ahí mi sitio era ese, era mi salida. Pero no tengo excusa. Cuando te vi anoche volví a recordar lo loco que estaba por ti, solo iba a trabajar para ver esa cara.
Sus labios se unieron como la primera vez, ya no podrían volver a separarse. La vida les dio una lección.
...
Andrea Jiménez.


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