No hay memoria perdida sino momentos olvidados


BUENAS NOCHES

Primer día del último mes de año.
Nos falta memoria para recordar ciertos momentos del 2013, sin embargo, esos días finales del 2012 y los del principio del nuevo año parecen imborrables.

Cuando apenas mediamos poco más de un metro nuestro única ilusión consistía en la llegada de Papa Noel y los Reyes Magos. Eramos los únicos protagonistas rodeados de regalos y de ratos donde jugar con los tíos, los abuelos, los primos, etc.
Eran unos largos días llenos de emoción donde la ilusión era el sentimiento más grande que nos hacían ver la Navidad como un momento mágico.

De mayores nos ocurre algo parecido, tenemos ilusión por pasar tiempo con la familia ya que pocas veces existe esa ocasión de tener un encuentro frecuente. Volvemos a recordar ese olor a leña, esas múltiples conversaciones hablando unos y otros, mezclándose entre sí los diálogos. Revivir esos pensamientos y sentimientos acerca de lo grande que es permanecer a una familia. Por eso mismo recordamos siempre esta época, porque son momentos diferentes y significativos, donde por fin disfrutamos de la compañía de los más cercanos y nos damos cuento el valor que tiene estar ahí.

Lo que no logro entender es por qué ya no tenemos tanta memoria para recordar otros momentos. Es como si se nos fuera evaporando y que con los años perdiéramos esa capacidad. Pero si es cierto que los más mayores retienen mucho más esas hazañas, nos cuentan historias de hace más de cincuenta años y lo siguen narrando igual que la primer vez.
Por eso quiero saber que nos está ocurriendo, vivimos intensamente pero también dejamos pasar el tiempo. ¿Cuál es la razón por la que olvidamos?

Deberíamos recordar lo que hicimos hace dos semanas, sin embargo, nos cuenta menos recordar algo aun más pasado, como un momento del verano. La clave debe estar en que los momentos que nos marcan y los que son importantes para nosotros si los guardamos. Como si estuvieran guardados con candado, para que en el momento que queramos, vuelvan a la memoria y lo revivamos.


Así que más vale valorar por igual cada momento por insignificante que parezca. Porque cada vivencia es única y aparece en nuestro camino por algo. Debemos recordar nuestra vida con cada instante ya que llegará el día en el que solo recordaremos que fue el último.



Andrea Jiménez.

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